Homenaje Póstumo a cuatro años de su muerte, recopilación de notas periodísticas por su desaparición física:
Cátedra, última y única, del periodista Héctor Morquecho en el Diplomado de Periodismo Especializado que se impartió en el periódico Ocho Columnas
Contra su costumbre, Héctor Morquecho Ibarra impartió, dos días antes de morir, una plática sobre periodismo a invitación de Gabriel Ibarra Bourjac. Como homenaje a la trayectoria del amigo, a su inteligencia manifiesta desde su juventud, fueradejuicio.com ofrece a sus visitantes el discurso íntegro.
Como un recuerdo de tantos viernes que nos acompañó y que desde entonces se mantiene semana a semana, aquí está lo que bien podríamos llamar su legado.
Homenajes póstumos por el Congreso del Estado de Jalisco aquí
INTRODUCCION
Agradezco al periódico Ocho Columnas por la confianza de invitarme a dar una conferencia sobre el periodismo especializado. Soy un reportero como los demás con una ventaja: siempre tuve el gusto por la política y pronto tuve la posibilidad de cubrir específicamente esa área, particularmente a partir de que ingresé a Notisistema hace ya 12 años, donde se me contrató específicamente para eso. Eso me ha permitido seguir los hechos de la política local con mucha cercanía en los últimos años, aunque claro antes también había la posibilidad de estar al pendiente de todos los hechos.
Primero les agradezco a ustedes y les pido paciencia, agradeceré también sus preguntas, que harán más fluida, la conferencia y la charla, porque prefiero que sea eso, una plática, en lugar de pretender o intentar una cátedra que por supuesto no estaría en mis alcances.
Voy a decirles, a propósito del reportero que cubre política, un par de obviedades, sé que a muchos de ustedes les va parecer que sobra hacer la aclaración, pero vale la pena que no se olviden de esto, porque es indispensable que siempre tengan en mente qué es lo que cubre el reportero que cubre política. Y el hecho esencial, el fenómeno esencial es la lucha por el poder, cualquier otros aspecto es secundario, forma parte de…, se suma a…, pero el dato esencial es que el reportero que cubre política cubre la lucha del poder.
Con o sin escrúpulos. Este hecho crudo que vemos cotidianamente, golpes bajos, golpes altos, que a veces es inteligente y que a veces es torpe, ese juego a donde en ocasiones hay escrúpulos y en ocasiones no; ese es el único fenómeno que le interesa al reportero que cubre política. ¿Quién lucha por el poder? Y ¿cómo se están repartiendo el poder los actores de la política?, sea un reportero en Guadalajara, en Puerto Vallarta, en Distrito Federal, en la ciudad de Washington, el dato esencial siempre será el mismo: la lucha por el poder; eso-insisto- no se debe olvidar en ningún momento, porque lo verán dentro de los partidos, entre los partidos, entre los grupos de presión y de interés, con las cúpulas, sean empresariales, sindicales, universitarias, entre las propias iglesias y con algunos actores del poder como el ejército, incluso, que sigue teniendo un peso mucho más allá del que le concede la Constitución por cuestiones de historia de México, de tradición, de respecto a la Institución.
Dice uno de los politólogos más reconocido de estos tiempos, que el dato mínimo de la política en cualquier nivel, es que se trata de juego de personas contra personas que se juega con palabras. Esto es otro fenómeno que no podemos olvidar, es tanto como decir que el futbol es un juego de un equipo contra otro, que se juega con una pelota, un balón o con unos trapos amarrados. El hecho fundamental es que es un juego de personas contra personas que esencialmente se juega con palabras. El insumo principal del político es lo que dice. Por supuesto, sus decisiones, sus hechos son importantes, pero ¿Cómo los explica?, ¿a quién se los explica?, ¿Cuándo los explica? Y las palabras que utiliza para comunicarse constituyen parte fundamental del juego y del combate de la política, según -repito- un politólogo reconocidísimo.
El reparto del poder. Hay que señalar que en una sociedad, y cuyos gobiernos democráticos, como los que vivimos en México, en formación, fortaleciéndose, en construcción- diría-, el hecho principal del reparto del poder formal y constitucional es por supuesto la elección; por eso el interés periodístico por los procesos electorales ha crecido en la medida en que los votantes han encontrado un espacio autentico de decisión en las elecciones. ¿Por qué los medios cada día se interesan más en las encuestas de opinión del público sobre los políticos y en los procesos electorales?, pues simple y sencillamente porque la elección ha sido aceptada como el único medio válido para repartirse el poder. Ni asaltos a la tribuna del Congreso, ni protestas violentas en la calle, ni amagos armados al país o al gobierno federal; sólo la elección constitucional, municipal, estatal o federal, es aceptada como medio válido para el reparto del poder.
Que alrededor de eso se dan una serie de presiones, juegos de fuerza, juegos de influencia, en ocasiones compra de voto (que no ha desaparecido esa práctica) o algún otro tipo de subterfugios no necesariamente apegados a la ley, no quita que el hecho fundamental es quién gana en las urnas, quién es legítima a través de las urnas y quién ocupa el poder constitucional, a reserva- por supuesto- de los poderes reales, que esos, por ejemplo, en el capital, permanece tiene la ventaja de jugar-incluso- con varios partidos.
La cobertura política del reportero es elementalísima, es simple, llana: partidos políticos y órganos electorales, el Poder Legislativo como un espacio privilegiado de debate cuando lo hay y hay la capacidad de los diputados para debatir; por supuesto las actividades del Ejecutivo, siempre y cuando tengan ese sesgo político, eso que desgasta al poderoso o le incrementa su capital. Pero también hay mucha información política, y estoy hablando de política como competencia electoral, en los ayuntamientos, más ahora que hay tanta anticipación en buscar candidaturas. Hay que platicar con líderes empresariales, con líderes religiosos, con los actores de política en general, activos o no, porque hay algunos que se dicen retirados, pero todavía tienen una opinión importante de sus partidos. Y por supuesto hay que estar al pendiente de grupos e instituciones con intereses privados, o cuando menos propios, que trascienden al sector público o a la vida pública y la influyen, en ocasiones la determinan.
La votación. Realmente no hay ningún secreto en la cobertura del reportero periodístico en cuanto a qué actividades le toca cubrir. Me parece que hasta es elemental. La única diferencia que hay con otras fuentes, es que la del periodista que cubre política, es una vocación dentro de la gran vocación que es periodismo.
Hay gente que lo mismo podría cubrir el sector salud, que la fuente agropecuaria, que las delegaciones federales y hay quien no lo aceptaría porque no le nace, no le importa, no le interesa y sólo quiere cubrir política. Es una vocación –digamos- como la de ser reportero policiaco que requiere una sangre en particular, que por cierto les digo yo nunca tuve, pero conozco mucha gente que la tiene y lo hace muy profesionalmente. Por tanto, ser reportero político es una decisión muy personal, es una vocación muy personal que exige mucha paciencia, porque la política nunca es como la pintan, a veces es peor, a veces es mejor de lo que pensábamos, pero pocas fuentes generan esa pasión y esa afición como puede ser la cotidiana lucha por el poder.
Pero el periodismo político, esto los subrayo para evitar confusiones, el periodismo político no hace políticos, en todo caso hacer periodistas que conocen como pocos un tema y tienen la ventaja de haberlo estudiado y analizarlo durante muchísimos años.
SEGUNDA PARTE
Historia. Entre los elementos de análisis político, bueno, el más común es la historia, particularmente en el caso mexicano, donde hay que hacer obligatoriamente una revisión del sistema político priísta. Cualquiera que aspire a ser periodista político, debe conocer la historia de este sistema, ¿por qué un partido de generales?, ¿por qué un partido de Estado?, y ¿por qué 70 años en el poder? Y debe conocer su historia completa, sus presidentes, la forma en que gobernaron, y hay bastante literatura al respecto, pero es indispensable la formación del periodista política.
La circunstancia inmediata, por ejemplo, en el caso de Guadalajara es evidente, donde en Jalisco estamos a poco más de 18 ó 20 meses de una elección estatal y, bueno, la circunstancia inmediata nos dice que las aspiraciones políticas son ya incontenibles, ese es el elemento cierto e inevitable.
La relación de un hecho con otros hechos, la relación de un personaje con otros, las llamadas reglas del juego, a qué juegan los políticos con esas reglas que nunca están escritas, pero todo mundo acepta y considera válidas; este es otro punto importante que hay que revisar en el análisis de la política y no sólo lo que aparece en los estatutos y en la ley.
¿Cuáles son las reglas que nadie escribe, pero que todo mundo acepta para hacer política en el PRI, en el PAN o en el PRD que tiene una sola regla?, eso es fundamental. Por supuesto que están los estatutos, las leyes, la Constitución, la información de primera mano, a la que está obligado el reportero político, y prácticamente vive para platicar con políticos. Sé que mucha gente le puede parecer un desperdicio de tiempo, pero al reportero político le es indispensable.
Dos ópticas para hacer periodismo. No hay periodista político que tenga información y capacidad de análisis que pueda decirles: “Yo no me junto con ningún político porque no lo soporto”, eso no es cierto, hay que platicar con políticos y hay que conocerlos. Hay que tratarlos en ocasiones especiales, cuando ellos están en circunstancias difíciles, de todos modos hay que hacerlo, y cuando están a la alza, más hay que buscarlos porque traen más información y tienen más poder de decisión.
Por supuesto, cuenta la intuición, la deducción, y en el caso particular de México el conocimiento a detalle del sistema político priísta. Hay un punto que les parecerá siempre importante para el periodista político. Desde dónde debe hacer el juicio de la política: Desde el cinismo de alguien que ya se exasperó y dice: “sí, siempre serán políticos; el que no roba miente, el que no miente es simple y sencillamente un hipócrita, el que no es un hipócrita no tiene carácter”, es decir, desde el cinismo de que nada puede ser resuelto y que la condición humana no va a cambiar o hacemos el análisis político desde el compromiso, digamos cuando menos, desde los valores civiles y democráticos que se supone –esperamos- los periodistas debemos promover. Esos valores civiles son, por supuesto, las libertades básicas de cada individuo y los valores democráticos son, por supuesto, el insistir que la elección es la parte fundamental del proceso político y que solo dentro de la ley se debe disputar el poder.
Cuenta mucho la experiencia personal, cuántos años tienen en el medio, con quién han tratado, con quién han platicado, qué han aprendido, pero cuenta también mucho qué han leído. Parte fundamental es el tiempo que debe dedicar el periodista político a los libros, a muchos libros. Hay tantas cosas que leer de literatura política, que cualquier lista sería imposible en este momento, hay títulos básicos, pero al final les voy a decir algunas recomendaciones personales.
Nunca hay que perder de vista ningún medio de comunicación, o cuando menos atender a los más posibles en el mayor número de oportunidades, si se puede diario, diario. Hay que revisar particularmente a los reporteros que cubren política, a quienes escriben o hablan de política.
Política-periodismo. ¿Cómo se relaciona un periodista, un professional con los políticos? Es una relación difícil, es una relación que incluso ha sido criticada y satanizada durante muchos años en México, pero es una relación indispensable y necesaria. Un medio de comunicación no puede tener periodistas a los que les dé miedo relacionarse con políticos, porque no saben cómo va a reaccionar, no saben qué van a decir, no saben qué van a preguntar.
Esa relación debe darse de manera personal y profesional y en ocasiones así ocurrirá durante años. Periodistas y políticos que se conocen de 10, de 20, de 30 y de 40 años que difícilmente se tienen un secreto; es importante conocerlos y conocerlos de esa manera. Manejando con responsabilidad lo que pertenece a la vida pública y, pos supuesto, evitar y manejar lo que pertenece a la vida privada, que en ocasiones uno llega a conocer y queda entendido que uno no puede manejar porque no forma parte de la discusión pública.
El periodista que cubre políticos o la política partidista, electoral y de lucha por el poder, tiene una ventaja, ya que durante años construye relaciones y conoce a fondo a los políticos a los que ha tratado durante años. Es como los periodistas que cubren futbol, que tienen 30 años y conocen entrenadores desde 1970 a la fecha, jugadores de 1965 a la fecha y, bueno, tienen un bagaje personal que les permite platicar con cualquiera sobre futbol, bueno, el periodista político más o menos tiene esa historia, se relaciona profundamente con los políticos, los conoce, los trate durante mucho tiempo, algunos se hacen amigos, lo cual no tiene nada de malo, siempre que la amistad no traicione, por supuesto.
Hay que cuidar cada quien su trabajo, se puede ser amigo en lo personal, pero son sod profesiones que nunca tendrán amistad, porque la política esencialmente pretende ocultar y el periodismo esencialmente pretende publicar, así que se contraponen tan solo en la intención por no ir a más detalles.
No al juicio simple. El periodismo político, les decía, es una vocación que requiere de mucha paciencia para hacer el comentario y el análisis, sin terminar el argumento fácil, a mí eso me parece muy importante, sin terminar con el argumento fácil que puede acabarte todos los día, en todas partes, en cualquier artículo, o comentario de radio o televisión: “Que la política no sirve; que los políticos solo ven su interés; que los partidos estorban; que un gobierno no hace nada”.
Limitar el periodismo a ese tipo de comentarios es reducir la capacidad de análisis del periodista y es reducir lo que se le puede, todavía, exponer al público, y que yo estoy seguro el público entiende, capta y le interesa. La conclusión facilona de que: “El Congreso no funciona, hay que quitar a 500 diputados, o sea, desaparecerlo”, por ejemplo, que se escucha de vez en cuando en los medios, carece de todo sentido, es algo que no va a ocurrir; entonces, pensemos con seriedad por qué no camina el Poder Legislativo, por qué no se entiende con el Ejecutivo y creo que debe hacerse un análisis serio.
Otro punto que es importante, los comentarios que provienen de la decepción, que es válida, la gente se decepciona y se cansa, pero debe buscarse una manera constructive de plantear esa decepción. Si la decepción se convierte en cinismo y lo único que plantea es que nada sirve y que nadie es remediable, particularmente en el caso de la política, ahora que es democrática y que la gente tanto esperaba a estos gobiernos democráticos, es simple y sencillamente, enterrar el proceso que nos permite ahora ser más periodistas y que le permite a muchos medios decir más de lo que alguna vez dijeron.
Creo que el periodista político está cuando menos obligado a plantear alternativas ante los hechos, digamos, atacan la camioneta del Presidente de la República y el periodista político no puede limitarse a decir: ” Bueno, pues así somos los mexicanos, qué le hacemos”. No hay que pensar por qué el Estado Mayor Presidencial no protegió la camioneta; por qué no hubo protección del gobierno del estado de Chihuahua; quién le avisó; quién no le avisó a quién.
Se deben planear ese tipo de alternativas de análisis, no para que el político escoja, no para que Fox diga: “Me parece que este columnista es mejor Jefe de Estado Mayor que el que tengo, tráiganselo para acá”, sino para que todos los radioescuchas, televidentes, entiendan claramente que hay opciones posibles y evalúe si lo que ocurrió fue un desacierto, un descuido, una trampa y entienda más o menos, cuando menos en ese caso, cómo podrían funcionar las alternativas.
TERCERA PARTE
Adjetivos y argumentos. Creo también muy en lo personal que el juicio debe ser frío y profesional y no debe agregar adjetivos donde se requieren argumentos. Si usted va a decir: “El Secretario de Vialidad no sirve, explique por qué”, porque ha crecido el número de infracciones, porque hay más congestionamientos, porque se pierde más tiempo en el coche en la calle, porque hay más atropellados en términos generales y no sólo del transporte urbano, porque hay más choques, porque hay menos vigilancia nocturna, porque las mordidas han crecido a juicio del público, por lo que sea, pero si usted pretende decir que el Secretario de Vialidad no sirve, póngale argumentos. El que se ponga a decir que el Secretario de Vialidad es enojón, anda de malas, ese es un asunto que nada tiene que ver con el juicio frío y profesional que debe hacerse de un funcionario. Y pongo el ejemplo del Secretario de Vialidad de cualquier época, de cualquier año, de cualquier administración, de cualquier gobierno, porque a todo Secretario de Vialidad, o casi a todos, les ha pasado lo mismo, nunca quedan bien.
En el caso mexicano les recomendaría algunos cuantos libros, una lista mínima de libros, que son los cuatro de Daniel Cosío Villegas, “El sistema político mexicano”, “El estilo personal de gobernar”, “La sucesión presidencial” y “La sucesión en marcha; los de Martín Luis Guzmán, “El águila y la serpiente” y “La sombre del caudillo”; la serie de Enrique Krauze sobre los presidentes, particularmente a partir de que escribió “Democracia sin adjetivos” hace 20 años; Luis Spota y su “Retrato hablado” y también “El primer día”; algunas lecturas de Octavio Paz; autores o teóricos sobre los sistemas políticos y a los grandes clásicos de todos los tiempos, que es inevitable leerlos, aunque sea para que en una plática con políticos no queden mal, que son: Maquiavelo, Montesquieu, Joss y pensadores liberales. Y si alguno de ustedes se atreve a leer completo a Aristóteles, felicitaciones.
Lectura. Hay muchas novelas que leer, yo les recomiendo que lean novelas para que conozcan la condición humana y que lean a tratadistas para que conozcan los sistemas políticos. Son dos cosas muy distintas, el juicio sobre una persona haciendo política y el juicio sobre un sistema que dejó de funcionar y tiene que ser cambiado, así que el periodista tiene que estar constantemente leyendo novelas, que además es muy disfrutable, y leyendo a pensadores o precisamente a quienes han revisado a pensadores sobre el sistema democrático, ya sea como el mexicano que es presidencialista, o sistemas parlamentarios, sistemas mixtos, en fin, todo lo que se tiene que saber sobre este tipo de cosas, no porque el periodista de política deba escribir un tratado, sino por el hecho de que debe saber perfectamente qué pasa cuando algún grupo de empresarios dice: ” queremos que desaparezcan las diputaciones plurinominales, sobran en el Congreso, nos cuestan tanto y son una bola de inútiles”, cuando en realidad quienes manejan el Congreso son los plurinominales.
¿Qué significa para la política desaparecer los plurinominales?, la ecuación es muy obvia: Desaparecen los partidos, muy posiblemente del tercer lugar hacia abajo, solamente quedan dos partidos en la contienda como ocurre en el caso de Estado Unidos, que es sólo diputaciones de mayoría o como ocurre en el caso de Gran Bretaña donde sólo hay el partido Laborista y el Conservador.
Noticias. Me gustaría darles ejemplos de noticia política, no sólo porque a mí como a muchos periodistas de Jalisco me tocó cubrirlos, sino porque además representan para mí, la secuencia de lo que ocurrió en Jalisco en siente años y que dejó el panorama político como está hasta ahora desde 1995 a la fecha.
El primer punto, por supuesto de noticia política a mi juicio, de gran noticia política, de fenómeno político inesperado, en ese tiempo para el PRI inexplicable, para otros injustificable, pero el hecho fue el triunfo del PAN en la Zona Metropolitana de Guadalajara en julio de 1988, tan sólo en Guadalajara ganaron 7 de 8 distritos que tenía el municipio, creo que ganaron distritos en Zapopan y otro distrito en Los Altos. Y era la elección presidencial de Carlos Salinas de Gortari, ustedes recordarán que fue el 6 de julio pero fue un miércoles, creo que fue la única elección en México que no ha sido en domingo, fue un miércoles 6 de julio y por inesperado el resultado yo diría que en ese tiempo fue una noticia contundente para la clase política local, incluso a partir de ahí, una clase política en formación empezó a perder la posibilidad de llegar al gobierno.
En ese año, en 1988 las encuestas no existían, no como ahora que se hacen encuestas todos los días, qué bueno, no hay ningún problema con eso. En el proceso electoral de Jalisco todo era con tantiómetro, con rumorología, con versiones, con pláticas de café, pero no había instrumentos reales de medición de la opinión del electorado.
No sé si los políticos, algunos de ellos, encargaron encuestas en ese tiempo, ninguna se divulgó, las guardaron muy bien, a lo mejor el gobernador en turno sabía lo que avecinaba y se calló, como era su obligación.
Este resultado confirma, primero que nada, por primera vez un gran triunfo del PAN en Jalisco en 1988 y es el antecedente de lo que ocurrió en 1995, tan sólo siete años después. Pero además confirma la postulación de Guillermo Cosío Vidaurri como gobernador 19 días después de la derrota del PRI el 6 de julio, un 25 de julio que fue viernes, Guillermo Cosío Vidaurri es presentado como precandidato a la gubernatura y al domingo siguiente 27, 28 de julio es postulado candidato a la gubernatura. Para mí esa es la primera gran noticia política que cubrí, porque significó algo que alteraba totalmente lo que era el sentido tradicional del sistema, su funcionamiento y sus reglas, es decir, es el primer gran tropezón del PRI, en la época en que todo mundo decía: “El PRI postuló a fulano, sutano, mangano y perengano, que por supuesto serán diputados”, pues 10 de ellos la vieron morir y para muchos de ellos acabó su carrera política en esa elección federal del año 1988.
Explosiones. Por supuesto el otro hecho que es una tragedia gravísima, sus 210 muertos, cuando menos oficialmente es la cifra y es la mayor tragedia de Guadalajara; no sé si en el siglo 18 o el 17 haya habido alguna enfermedad, inundación o terremoto que haya matado a más gente, pero para efectos de nuestra historia contemporánea el 22 de abril es nuestra mayor tragedia y tan sólo por ese hecho estamos obligados a conocerla y a recordarla. Pero tuvo un efecto político importantísimo, terminó de romper la estabilidad mantenida por el PRI durante casi 50 años en Jalisco y es en el sexenio de Cosío Vidaurri cuando se agota el tan celebrado acuerdo entre el cardenal José Garibai Rivera y el entonces gobernador Jesús González Gallo, un acuerdo vigente desde los años 40.
Una ruptura entre gobierno y sociedad que ya se venía caminando desde la administración de Guillermo Cosío, pero que en la explosión terminó de confirmar. Es una ruptura que hasta ahora el PRI no ha podido reparar con la sociedad jalisciense que ha preferido seguir votando por el Partido Acción Nacional.
Lamento lo de los 210 muertos que es lo más grave que le ha pasado a esta ciudad, pero insisto, para el reportero que cubre política el fenómeno a estudiar es qué efecto tuvo en la sociedad jalisciense ese día, en ese momento terminó de morir un acuerdo que fue importantísimo para el crecimiento industrial, económico y financiero de Jalisco. Se agotó un acuerdo que funcionó durante casi 50 años.
Aeropuerto. Otra gran noticia, por supuesto, es el 24 de mayo del 93, el asesinato del cardenal Posadas Ocampo y otras seis personas en el aeropuerto, porque se convierte en noticia política, bueno, por las dimensiones del cardenal, lamento lo de las demás personas que no tuvieron esa trascendencia, pero la muerte o el asesinato de un cardenal siempre tendrá un impacto político.
Y en Jalisco además produjo una movilización amplia de grupos católicos, en una protesta social clara y desgraciadamente justificada, digo desgraciadamente porque tuvo que haber muertos de por medio, pero justificada en demanda de seguridad, de combate a mafias del narcotráfico y la corrupción gubernamental. Y además por esa muerte llega a Jalisco un arzobispo como Juan Sandoval Iñiguez, hoy también cardenal reconocidísimo en todo el país.
Esa es la otra gran noticia que va definiendo el rumbo político del Estado de Jalisco, por supuesto durante todos estos años hay los mismos pleitos y reyertas en los partidos que ustedes ven hoy cotidianamente “fulano le sacó la lengua a perengano; fulano le hizo trampa a mengano”, las mismas cosas que se puedan escuchar a diario, pero estas son las grandes noticias que fueron definiendo el rumbo.
Derrota. Y la ultima por supuesto es triunfo del PAN en la gubernatura y el Congreso de Jalisco en febrero de 1995, ahí sí ya con encuestas se conoció el rumbo verdadero y definitivo de la elección desde enero de 1995, un mes antes de la elección; la crisis económica de diciembre del 94 tuvo efectos, se radicalizaron los votantes y no tenía por qué ser menos considerando el tamaño de la crisis, más la suma de otros acontecimientos ocurridos en Jalisco, o bien los aciertos del PAN, provocaron este resultado que a la fecha sigue vigente, el PAN sigue ganando y si nos ponemos a revisar las encuestas parece que seguirá ganando.
Por qué les digo que son noticia política, porque rompieron con lo esperado y rompieron con una frase que aquí había hecho historia: “En Jalisco nunca pasa nada, y cuando pasa, no pasa nada”. Bueno, pues sí pasó y pasó en siete años un montón de cosas bastante serias. Son cuatro noticias, repito, en siete años del 88 al 95.
Géneros. El género privilegiado del periodismo político es la columna política, Gabriel Ibarra es uno de los representantes más claros en la sociedad tapatía y la jalisciense de los columnistas políticos, por supuesto hay otros en Jalisco. ¿Por qué la columna política?, porque es un privilegio del periodista tener la oportunidad de escribir una columna por una razón importantísima, permiten absoluta libertad, una mezcla con sabor personal, al gusto de cada uno, de opinión e información, de interpretación y datos.
Y es, además, el espacio que no puede ser operado por ningún editor, nadie puede decir: “Oye, corrige la entrada, no se le entiende; cámbiale la cabeza, no me gusta”, ese es el espacio privilegiado del periodista que tiene el derecho a conocer la política y opinar sobre ella, combinar la información y la opinión. Y tiene toda la ventaja de interpretar con absoluta libertad, ese me parece que uno de los mayores privilegios que hay en el periodismo.
Y una última pregunta que sí les plantearía: ¿Cuál debe ser la relación entre los intelectuales y el poder? Se han preguntado en casi todas las sociedades y en todos los tiempos. El intelectual sirve al poder, lo estudia y lo ataca o simplemente lo analiza con objetividad, cual es el papel del intelectual considerando que el periodista no es un obrero manual y por lo tanto hace un trabajo intelectual.
Distancia. Cuál debe ser esa relación entre los intelectuales y el poder. Acercarse para conocer y criticar; acercarse sólo para conocer y plantear objetivamente qué está pasando en la estructura del poder o acercarse para servir al poder porque se tienen las mismas convicciones que el gobernante en turno, es decir alguien dice: “Yo soy buen gobernante porque actúo en apego a principios”, y yo digo, coinciden con los míos, pues vamos trabajando juntos, cuándo emprendemos un proyecto social común, porque el periodista tiene derecho a hacer política desde su medio, incluso era muy común en el siglo XIX que hubiera un periódico liberal y uno conservador. Y todavía hay periódicos partidistas. Si ustedes revisan los periódicos de mayor circulación en el país, verán… bueno, no sale los militantes de qué partido leen cada periódico. Pero la pregunta es ¿Cuál es la relación o cual debe ser la relación entre los intelectuales, en este caso lo periodistas y el poder? Es una pregunta que curiosamente no se responde con una sola respuesta, esa la encontrará cada periodista en el camino de acuerdo a la experiencia personal, de acuerdo a la intención personal, de acuerdo a las creencias personal, auqnue yo no puedo hablar de corrupción, estoy hablando de creencias personales y esa es una respuesta que va a tener que encontrar en lo interno el que quiera dedicarse al periodismo político.
¿Qué hago ante el poder? Me uno con los que creo que creen en lo mismo que yo; los enfrento y los critico o simple y sencillamente me dedico a informar lo más que pueda sobre el fenómeno y la estructura del poder. Yo plantearía de entrada esos puntos así rápidamente, pero sí me gustaría también que me hicieran algunas preguntas sobre este tema que es abundantísimo y que tiene por supuesto muchos lados por donde tomarse. Les agradezco la paciencia y estoy a sus órdenes.
Independencia. Vino luego el tratamiento de temas específicos, en donde abundó sobre la distancia que debe hacer entre el intelectual y el político y la ponencia se extendió: A menos que el objetivo final sea el ejercicio de la política, plantearía que debe haber absoluta independencia. Sin embargo, cualquier ciudadano tiene derecho; la política es pública, la política es para todos. Pero si el camino es ejercer la crítica, lo mejor es mantener la independencia, porque luego la crítica, primero ya no tiene la misma credibilidad.
Pero a reserva de la propuesta personal que cada uno le dé al asunto, sí es evidente que debe haber independencia suficiente para poder hacer la crítica de la estructura del poder o de los personajes del poder. O la otra es hacerle ver al lector: “Yo milito en tal partido, simpatizo con tal candidato a la presidencia de la República y a partir de ahí, júzguenme como quieran”. Esta postura es, también, si ustedes quieren, menos intelectual, menos critica y menos responsable, pero cuando menos es honesta ante lectores, radioescuchas o televidentes.
Las encuestas en la política. De ellas dijo: para mi el primer dato que deben conocer ante una encuesta es quién la ordena y quién la paga, indispensable. Si les llegan con que aquí está esta encuesta hecha por un profesional, el primer dato que hay que solicitar es quién encargó al encuesta; un segundo dato con las preguntas, que preguntan y en qué orden preguntan, porque sí, efectivamente, dos grandes encuestadores mexicanos dijeron en una conferencia que la forma en que se pregunta y en el orden de las preguntas pueden hacer variar, no radicalmente, el resultado, pero suficientes puntos para darle aire alguien o quitárselo totalmente.
Tiene que ser un encuestador muy profesional que primero que nada te pregunte claramente qué es lo que quiere saber, quién encarga una encuesta y que lo reflejen perfectamente sin tendencias y sin manipulaciones si se pretende una encuesta seria. Y lo segundo que debe revisar un reportero es qué preguntas se hicieron y en qué orden, porque, por ejemplo, quién decide a los aspirantes que se van a incluir. Esa es una decisión que toma el que encarga la encuesta, pero también se pude hacer una encuesta previa en la que se le pidan nombres a la misma sociedad, porque la gente se ve los nombres en una lista se va acordar y los va a mencionar.
Pero con el tiempo las encuestas encuestadoras van acreditando cada una su calidad y su confianza, lo que le ofrecen al público, si vale la pena o no. Y los propios resultados de las elecciones van diciendo cuáles empresas encuestadoras sobreviven y cuáles no, cuáles acreditan que hicieron puntualmente una encuesta profesional en busca de resultados y cuáles quedan totalmente alejadas de lo que ocurrió en los procesos electorales.
¿Por qué perdió Arana? A este cuestionamiento, Héctor Morquecho Ibarra respondió: “Cometió graves errores en la campaña que le costaron puntos, pero el más importante fue el exceso de confianza. Arana arranca la campaña con más del 50 por ciento de la intención del voto, es decir, le podía decir a Emilio González: “Quédate con el resto, igual no me ganas, júntense todos contra mí o traigo el 56 por ciento y con eso gano”. Cuando aparece la primera encuesta en la que Arana ya no tenía el 50 por ciento, fue a principios de junio, cuando tenía ya el 49 por ciento y comenté con un colega que ese era el primer indicio que Arana ya no tenía la mayoría y que podía perder.
Y a partir de ahí fue perdiendo, perdiendo puntos, y como era una competencia entre dos, Víctor Urrea no existía para el electorado tapatío y tampoco Martín Márquez Carpio, no eran opiniones reales para la votación en Guadalajara, entonces el punto que perdió Jorge lo ganaba Emilio, entonces eran dos puntos en cada momento. Arana tenía 50 y Emilio 30, bueno, Arana bajaba a 49 y Emilio subía a 31. Arana calculó muy mal su estrategia de campaña, sus reacciones ante los ataques no fue la adecuada y la peor reacción de Arana se da ante el primer reto que le lanza Emilio el miércoles 16 de abril en la Cámara de Comercio cuando le dice: “Antidoping y detector de mentiras”. Hombre, la respuesta de cualquiera de nosotros hubiera sido: “Antidoping y detector de mentiras”, pero a la hora que quieras, por supuesto, o incluso podía responder hasta con ironías: “Si Emilio, y nos llevamos a Fernando Garza de una vez, porque si el problema de las narcontienditas ya está, vamos pensando en el Alcalde”.
El daño político se lo hicieron desde el primer día de la campaña. Jorge minimiza la capacidad de Emilio para hacerle daño. Mucha gente dice que dice que Jorge Arana perdió porque muchos priístas por seguir con su campaña con Enrique Ibarra decidieron negarle el voto a Jorge Arana. No lo sé realmente, habría que ver las boletas. Dicen que algunas traían mensajes muy específicos para Jorge Arana como diciéndole: “Por ti nunca votaremos”, pero esos son rumores que no hay manera de comprobar.
Finalmente debo decir que Jorge Arana cometió el error principal en cualquier combate, menospreciar al adversario y la soberbia, que en política es la ruina como en pocas partes.
Este es un caso clásico de estudio para el PRI, de cómo proteger a un candidato que tenga un buen porcentaje de votación; cómo cuidarlo para que no pierda puntos. Jorge Arana los tenía y los perdió, perdió prácticamente un punto porcentual cada tercer día.